En mi último artículo hablaba de la Silver Economy y del mercado senior como una realidad económica que muchas marcas aún están empezando a comprender.
No es una tendencia. Es un cambio estructural.
Pero hay una dimensión de esta transformación de la que se habla mucho menos: la experiencia real de quienes formamos parte activa de esa generación.
Porque ser Silver hoy no significa retirarse del mercado. En muchos casos significa seguir compitiendo en un entorno que no siempre está pensado para nosotros.
Cuando la jubilación activa deja de ser teoría
Hace unos meses recibí una llamada de un programa nacional de televisión para hablar sobre jubilación activa.
El interés no estaba en recordar el pasado, sino en entender una realidad cada vez más visible: profesionales que superan los 60 años y siguen creando proyectos, trabajando, comunicando y participando en el mercado.
La sorpresa que todavía genera esta situación dice mucho sobre cómo la sociedad sigue mirando la edad.
Para algunos, seguir activo después de cierta etapa parece excepcional. Para muchos de nosotros, simplemente es natural.

El otro lado de la economía digital
En el último año he vivido prácticamente todo lo que puede ocurrir en el entorno digital.
Hackeos.
Robo de cuentas.
Intentos de estafa digital.
Plataformas que dejan de funcionar justo cuando necesitas firmar un trámite importante.
La digitalización ha avanzado mucho. Sin embargo, muchos sistemas siguen diseñados pensando que todos los usuarios tienen el mismo nivel técnico, la misma paciencia tecnológica y la misma relación con la herramienta digital.
Cuando no es así, aparece una forma muy silenciosa de discriminación.
Edadismo digital: el prejuicio que casi nadie nombra
Existe un tipo de edadismo del que se habla poco: el edadismo digital.
Es esa suposición implícita de que las personas de cierta edad no manejan bien la tecnología, no entienden los procesos digitales o no pueden adaptarse a ellos.
La realidad, al menos en mi caso, ha sido muy distinta.
He tenido que recuperar cuentas, resolver problemas técnicos, presentar recursos administrativos y aprender procesos nuevos.
No porque sea una excepción, sino porque la experiencia profesional también incluye capacidad de adaptación.
Seguir en el mercado también es esto
Cuando hablamos de Silver Economy solemos pensar en estadísticas, consumo o demografía.
Pero también es esto.
Personas que siguen activas.
Profesionales que siguen creando valor.
Mujeres que no desaparecen del debate ni del mercado.
En mi caso, dirijo medios digitales, colaboro con marcas, analizo tendencias y sigo construyendo proyectos.
No estoy ocupando el tiempo.
Estoy trabajando.
Una generación que no piensa retirarse del todo
Cada vez somos más los profesionales que entendemos esta etapa de la vida como una fase de redefinición, no de desaparición.
La experiencia aporta perspectiva.
La madurez aporta criterio.
Y el mercado, cada vez más, empieza a reconocer ese valor.
La Silver Economy no solo se mide en consumo. También se mide en talento, conocimiento y liderazgo.
Y este es mi bottom line:
Este último año me ha puesto a prueba en muchos aspectos: tecnológico, administrativo y profesional.
Y aquí sigo.
No porque la edad no importe, sino porque la experiencia también cuenta.
Quizá la verdadera transformación de la Silver Economy no esté solo en las estadísticas demográficas, sino en algo mucho más sencillo:
Cada vez somos más los que seguimos en el mercado cuando otros creen que deberíamos retirarnos.