¿Cuántas veces te has puesto en segundo lugar?
Hoy me he levantado pensando en eso. En que cuidar de mí no es egoísmo, es responsabilidad. Y también es amor. Del bueno. Del que no se maquilla ni se posterga. Del que se planta delante del espejo y dice: “Tú también importas, y mucho.”
Decir “no” sin culpa y “sí” con alegría
He decidido empezar por algo simple pero poderoso: decir no a lo que no me encaja. No a los compromisos que me drenan, no a las personas que restan, no a las exigencias absurdas que me imponía yo misma.
Y en paralelo, decir sí a las personas vitamina. A esas que suman, que te miran con ternura incluso cuando no estás en tu mejor versión. Que te celebran sin envidia y te respetan sin condiciones.

Cuidarme físicamente, pero con cabeza (y piel)
Cuidarme también es mover el cuerpo, estirarlo, oxigenarlo, agradecerle que sigue aquí, cada día, llevándome de un lado a otro. Pero además, cuidar mi piel, que es el diario donde se escribe mi vida. Y esta vez, he pedido ayuda profesional. Porque mimarse también es dejarse acompañar por quienes saben lo que hacen.
Quererse no es moda: es revolución
En un mundo que te grita lo que debes ser, vestirte, pesar, aparentar… quererse es casi un acto revolucionario. Yo me apunto a esa revolución, empezando por mí, sin excusas. Porque cuando una mujer se cuida y se quiere desde la conciencia, todo alrededor se recoloca: sus relaciones, su energía, su creatividad. Hasta su postura cambia.
¿Y tú? ¿En qué has pensado al levantarte hoy?
Si algo de esto resuena contigo, detente un momento y pregúntate:
¿Qué estoy posponiendo? ¿Qué me debo? ¿Qué merezco de verdad?
A veces la respuesta llega como un susurro. Otras veces, como una sacudida. Pero siempre vale la pena escucharse.